Educar en las emociones: una tarea conjunta de Colegio y familia

La tarea de los Colegios no puede limitarse a la mera transmisión conocimientos. Los educadores, en colaboración con la familia, tenemos la responsabilidad de trabajar en una formación integral, que vaya más allá de los contenidos del currículum. Nuestra meta debe ser formar a personas con habilidades, competencias y valores, capaces de desenvolverse en el mundo complejo que habitamos.

Por todo esto, en el Colegio CEU Jesús María concedemos mucho peso a la inteligencia emocional, porque somos conscientes de que desarrollarla les aportará algo muy valioso: la capacidad de identificar las emociones propias y las ajenas, para así poder gestionarlas correctamente.

La educación de los más pequeños, trabajo de toda la comunidad educativa

El profesorado, en su nuevo rol de facilitador, acompañante y asesor, juega un papel crucial en la educación en emociones. La inteligencia y las competencias no son innatas, si no que se desarrollan. Por eso fomentarlas desde las aulas es esencial para el éxito personal y profesional de nuestros niños. Así, con una adecuada gestión de las emociones, crecerán en creatividad, seguridad, autoestima y, por tanto, felicidad. 

La familia tiene que colaborar en la tarea que es la educación de los más pequeños de forma colaborativa con el Colegio. Debe mostrarles, siempre desde el respeto y el optimismo, cómo identificar las emociones para así saber cómo manejarlas. Es decir, toda la comunidad educativa tiene que estar implicada en la educación de forma participativa e integral.

Emoción, pensamiento y acción

El Colegio es el mejor escenario para una serie de aprendizajes fundamentales, que giran en torno a afrontar y resolver conflictos. Por ello, el innovador programa “Líderes con corazón” de los Colegios CEU se orienta a conseguir la autonomía y el desarrollo de competencias de niños y niñas desde edades muy tempranas, incluyendo las emocionales. Sabemos que, por ejemplo, desarrollar la empatía es algo muy valioso para sus relaciones con los demás, en cualquier contexto.

Pero, ¿qué podemos aportar desde casa a esta importante tarea de educar en las emociones? Aquí van algunas propuestas:

  • Ayudarles a gestionar la rabia y la ira: es una emoción básica que aparece casi cuando son bebés. Las personas adultas debemos enseñarles a canalizarla, transmitirles que es necesario cierto control y entender por qué aparece.
  • Enseñarles cuáles y cómo son las emociones básicas: desde los 5 años se puede empezar a poner nombre a eso que sienten. Las emociones que sentimos las personas siempre giran en torno a las seis fundamentales: sorpresa, asco, miedo, alegría, tristeza e ira. Podemos ponerles ejemplos y explicarles cómo pueden expresarlas y si tienen que tomar medidas cuando sienten alguna de ellas. A partir de los 10-11 años aparecerán las emociones secundarias (vergüenza, orgullo, culpa, placer, satisfacción, desprecio), por lo que es conveniente también darles cabida en las conversaciones en casa.
  • Favorecer la comunicación: debemos potenciar su expresión espontánea acerca de sus sentimientos. Preguntarles con frecuencia cómo se sienten con relación a cualquier tema cotidiano y escucharles. Es fundamental dar valor a lo que transmiten para que confíen en nosotros y sigan haciéndolo a medida que crezcan.
  • Enseñarles a escuchar a los demás y a tener empatía: podemos razonar con niños y niñas a través de preguntas acerca de cómo creen que se sienten otras personas, y transmitirles siempre la importancia de dar espacio al resto y a sus sentimientos.

La educación emocional es clave para la felicidad de los niños y niñas y para que además sean adultos sanos y equilibrados. Tener un diálogo respetuoso y democrático en casa es, sin duda, el mejor aprendizaje en emociones.

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